divendres, 22 d’agost del 2014

Los cinco símbolos

-En el camino de Santiago-

La flecha amarilla

Nos indican la dirección del camino y, de no ser por ellas, a veces no sabríamos a dónde ir. Al encontrarlas, recuperamos la confianza de saber que vamos en la dirección correcta.
En ocasiones nos sentimos perdidos y nos frustramos al no encontrar la dirección ni referencias que nos den seguridad.
¿Qué flechas sigues? ¿A qué o quién miras para encontrar orientación?

Mochila 

Cuando estabas en casa no parecía importarte lo que metías en la mochila. Pero ahora que tienes que cargar con ella, te das cuenta de lo que pesan las cosas que llevas dentro, y eres consciente de cuántas de ellas podrías prescindir.
En el camino de la vida, todos llevamos una mochila. Y a veces vamos añadiendo cosas y cargándola más de la cuenta, tanto que llega un momento en que el peso te impide avanzar.

¿Qué es lo que cargas innecesariamente en tu mochila?
¿Qué puedes sacar de la mochila hoy mismo para ir más ligero en tu viaje?

Tirita

Ampollas, heridas, torceduras... Nadie escapa del dolor en el camino. Tarde o temprano el cuerpo se resiente, tanto que quizás sea necesario modificar el ritmo o incluso parar. El camino no sería el mismo sin el dolor. A través de él, nos damos cuenta de lo que cuesta caminar, y al terminar cada etapa, nos convertimos en personas distintas a cuando empezamos.
En el camino de la vida nos pasan cosas con las que tenemos que aprender a caminar.

¿Cómo aprendes a caminar con lo que te hiere en la vida?

Bastón

Todo peregrino necesita ayuda extra para continuar andando. Sobre todo cuando llevas bastantes kilómetros recorridos. El camino nos permite encontrar verdaderos compañeros de viaje. Piensa en aquellas personas que te has encontrado por el camino, quienes te han apoyado cuando estabas cansado, o te han animado cuando querías abandonar, o simplemente te han dado algo de conversación durante el trayecto.

¿Quiénes son tus bastones en el camino de la vida? ¿Qué implicaría convertirte en bastón para los demás?

Vieira

Antiguamente, el que llegaba a Santiago andando, recibía un pergamino y una Vieira que colgaa sobre su capa o sombrero. Este símbolo representaba que durante su peregrinaje se había producido un cambio en su vida y volvía a casa siendo alguien distinto.

¿Qué cambios has experimentado en el camino?

dissabte, 9 d’agost del 2014

Desordenada habitación

Despierta ya
mira qué luz
nada envidia el norte al sur
Recuérdame que lo de ayer
no se olvida sin querer.
Éramos uno y uno y luego dos
más cerca cada vez
de un sueño sin adiós.
Desordenada habitación...
Son el calor, hacer el amor,
el miedo y la pasión.
Tanto soñar con esa flor
mezcla de sol intemporal.
El doble filo de un amor real
actores sin guión
un mundo teatral
función sin hora de empezar
Deja el frío y entra en calor,
y lo oscuro deje paso al color
no me canso nunca de hablar
porque vivo en el silencio más total,
diez años antes era igual.
Éramos uno y uno y luego dos
más cerca cada vez
de un sueño sin adiós.
Desordenada habitación...
Hay algo más,
recuérdame,
que hay que ordenar la habitación...


diumenge, 6 de juliol del 2014

(Des)amor

Sabía desde el principio que le estaba entregando algo de mi corazón, curtido por anteriores decepciones, con alguna que otra cicatriz, y que él me lo devolvería, cuando su capricho se saciara, lleno de magulladuras y cortes.
Pero aún así quería experimentar lo que era fundirme entre sus brazos, toda la sensibilidad que había intuído en ese individuo que, de hecho, desconocía por completo. Eso me hizo plantearme qué significa conocer a alguien. Dónde está el límite que marca cuándo realmente conoces a una persona. ¿Es tener conocimiento de sus andaduras en el pasado? ¿Es saber a qué se dedica, de dónde viene? ¿Es ser capaz de predecir sus reacciones y sus gustos? ¿De anticiparse a sus bromas y conclusiones?
Tengo la sensación de que el amor no son más que imaginaciones impulsadas por lo que duran unos destellos caprichosos de atracción hacia una persona, que es, en la mayoría de los casos, una proyección de nuestro ideal, tal vez de aquello que nos falta. Es tan difícil encontrar algo cierto debajo de tanto "bla, bla, bla"! ¿Dónde se fugó la sencillez?
Y al final, después de toda la intensidad, supongo que había que cambiar de aires. Fue agridulce el sabor del último encuentro.

dijous, 3 de juliol del 2014

Un encuentro

Cuando hacían el amor, piel con piel, viajaban a otros mundos, entre sábanas y sudor.
Pasó algo de tiempo.
…
Y de golpe un día, no se vieron más, ni se llamaron, ni la suerte les volvió a cruzar.
Por lo menos nunca tuvieron que decirse adiós.

dilluns, 30 de juny del 2014

"Tornaràs a creure, tornaràs a fer-ho veure, tornaràs a volar"



"Si no hi ha res etern, ni els calés ni la feina, ni els amics ni els amants, els somnis somiats, els moments viscuts, són com fulles al vent, se les emporta enllà i capriciós les fa tornar, tornaràs a sofrir, tornaràs a plorar, tornaràs a sentir, tornaràs a somriure, tornaràs a somiar, i la lletra de l'himne, sobreviurà a la cançó, els petons robats, els tresors perduts, els oblidats, són com fulles que el vent s'emporta enllà i capriciós les fa tornar, tornaràs a mentir, tornaràs a pregar, tornaràs a creure, tornaràs a fer-ho veure, tornaràs a volar.


Si no hi ha res etern, la ressaca de dia i la botella de nit, els somriures forçats, els sanglots fingits, són com paraules al vent, malentesos passats que arreglaràs qui sap quan, tornaràs a sentir, tornaràs a plorar, tornaràs a veure, tornaràs a viure, tornaràs a tremolar."

dissabte, 14 de juny del 2014

La espera

Se dice que las cosas son mucho mejores cuando surgen así, de la nada, sin que uno se lo espere. Pero a menudo no puedes esperar a que el azar te sorprenda, y tienes que mover alguna ficha si quieres que las cosas sucedan.
Y entonces se necesita mucha paciencia, que a la larga puede acabar desesperando y desquiciando al individuo que está esperando que le pase eso que tanto ansía. En ese lugar común que es la espera, como cuando uno hace escala entre vuelo y vuelo en un aeropuerto, uno no puede hacer más que buscar cómo entretenerse. Durante las largas horas y días que se prolonga la espera, puede que se nos olvide, a ratos, por qué era tan importante eso que esperamos, y nos preguntamos, entonces, si realmente valdrá la pena. Se trata de momentos en los que el temor a que lo real no supere la ficción asume el mando de nuestras emociones.
Pero eso sólo pasa a ratos. Las dudas se desvanecen, después... y nos envuelve de nuevo la magia de la ilusión hacia la aventura de lo desconocido. La aventura que no conlleva el mero hecho de estar vivo, sino de arriesgarse a vivir.

dilluns, 21 d’abril del 2014

"Elogio a la discreción"

Lunes, 21 de Abril 2014

Antoni Puigverd escribe en La Vanguardia el siguiente artículo.

En la sociedad del exhibicionismo, nada es tan intrigante como la inhibición. Cuando todo el mundo desnuda sus sentimientos y creencias, nada es má provocativo que el pudor. En la era del striptease, nada es tan extraño como vestirse; y en la era del striptease emocional, nada es tan liberador como la invisibilidad. Cuando todo el mundo convierte la propia vida en espectáculo, recuperar el sentido de la intimidad es revolucionario.

Desde hace unos meses, el ensayista Pierre Zaoui está dando que pensar a los franceses. Reivindica la discreción y el arte de desaparecer. Abanderado un valor considerado anacrónico, Zaoui sostiene que el comportamiento discreto tiene como objetivo abdicar de la voluntad de poderío personal. Mientras todo el mundo, a través de diversos formatos de internet, sube al tren de gran velocidad de la afirmación enfermiza del yo, Zaoui propone cultivar una ecología del yo otorgándose curas de reposo en el lento vagón del silencio. Se trata de desaparecer un poco. No sólo para dejar sitio a los demás, sino para poder observar mejor a los demás.

Zaoui bucea en la cara oculta de la modernidad hipermediática, dominada por la obligación de la visibilidad y por la carrera de la celebridad. Comunicamos nuestros pensamientos personales íntimos o secretos al mundo: amigos, conocidos, saludados, desconocidos. Oponiéndose a esta presión, Zaoui pone en valor el placer del retraimiento, la gracia de la contención, la tranquilidad que resulta de ceder la palabra a los demás.

Si todo el mundo, con narcicismo galopante, pugna por derramar sobre los demás un diluvio de imágenes y palabras, Zaoui propone detenerse de vez en cuando para eliminar el esmalte personal y decolorarse. Compara la decoloración al "bienestar del nió al que el maestro no llama a la pizarra y que puede quedarse en el fondo de la clase y soñar junto al radiador mientras contempla a sus compañeros".

El término proviene del latín discretio, que significa "separación, distinción, diferencia", es decir: suspender las formas de relación y de visibilidad convencionales. Zaoui no propone una suspensión radical o una desaparición absoluta como la del ermitaño que se exilia del mundo. Propone una desaparición ligera. Se trata de contener la necesidad de aparecer y de mostrarse. La distancia de la discreción no te escinde del mundo, al contrario: permite contemplarlo desde mejor perspectiva. La discreción es un tiempo de espera: detiene el deseo de afirmarse, de ser reconocido, de ser visto, admirado y querido.

Según Walter Benjamin, Baudelaire fundó la discreción moderna. El discreto contemporáneo observa el exterior para desplegarse interiormente. En el desierto, huyendo del mundanal ruido, el anonimato es imposible. Es en la gran ciudad, rodeado por la multitud, donde podemos experimentar el placer del incógnito, el sentimiento de lo que Baudelaire llama la flânerie: el pensamiento errático, la ociosidad y el vagabundeo de aquel que observa el mundo sin tocarlo, sin necesidad de imponerse.

Si la palabra de moda es selfie (autorretrato fotográfico), la fotografía más sugestiva es la que hace el smartphone cuando está desconectado: impide que todos sepan qué haces y dónde estás. Si todos pugnan por escribir el tuit más sorprendente o deslumbrante, el discreto prefiere este haiku de Matsuo Basho: "Contra mi puerta / las hojas de te muertas / que arrastra el viento".

En la época en la que todo el mundo está hiperconectado, la palabra más sugestiva podría ser desconexión. Empiezas cerrando el smartphone unas cuantas horas al día. No envías fotos del último lugar que has visitado. Ahora te encantaría que todo el mundo supera qué ciudad visitas en este día festivo, o que contemplaran la foto de la parrillada de cordero pascual que te estás zampando con los amigos, pero te contienes: sabes que aquellos a quienes escribirías también están comiendo. Desconectas el teléfono ya no sólo cuando trabajas o comes, también por la satisfacción que obtienes de un tiempo de silencio: por el placer de callar. Desconectas, también, por pudor: para no bombardear a los demás. Tampoco opinas ya a cada instante sobre aquello de lo que todo el mundo discute. Mientras todo el mundo proclama lo primero que le pasa por la cabeza ante cualquier noticia, sea trágica o cómica, sea importante o banal, tú dejas que el tiempo madure su calibre y sentido. Dejas que la noticia haga su camino y, generalmente, acabas constatando que lo que parecía tan impactante no es más que otro grano de arena perdido en el desierto.

Aprender a contener la voluntad de estar presente en la vida de los demás. Empiezas a comprender que generar constantemente tuits, watsaps, correos o notificaciones de tu aportación al Facebook es una práctica intrusiva, una enfermiza afirmación de tu ego que implica inevitablemente la violación del tiempo y el espacio de los demás. Haces que el mundo descanse de ti. Dejas espacio para los mensajes, ideas o propuestas de los demás. Reconoces que proclamabas con voz demasiado alta tus opiniones y exagerabas tus puntos de vista marcando ruidosamente el paso: mejor será andar de puntillas, sin armar tanto ruido. ¿Qué tal si das un paso atrás?

La discreción era una virtud antigua, pero Zaoui la describe como el factor imprescindible de la creatividad: "Para Proust era un privilegio asistir a la propia ausencia". Y una necesidad social: "la discreción es un gesto político".

diumenge, 20 d’abril del 2014

Control

Película anglesa feta l'any 2007, dirigida per Anton Corbijn. Sam Riley -el mateix que interpretava més recentment a J. Kerouak a "On the road"- adopta el paper de Ian Curtis, l'enigmàtic cantant de la banda Joy Division i icona del post-punk anglès, fins al seu tràgic suicidi l'any 1980. El film explica com va començar amb la banda, com va iniciar-se en el món de la música, de fet. S'endinsa en els anys en els quals el grup anava amunt i avall, de concert en concert. L'espectacular despreniment d'adrenalina que Ian feia a cada actuació el deixava esgotat anímicament, i l'afectava també amb el seu problema d'epilèpsia.




Sembla que en la persona de Ian Curtis s'hi fonien dos individus molt diferents: d'una banda, el noi bondadós, que treballava per l'administració pública, que portava sortint amb la mateixa nòvia des de l'adolescència, amb la qual va casar-se i tenir una filla, perquè creia que havia de fer-ho. Sentia un amor profund per la seva dona, però potser no n'estava enamorat. D'això se'n va adonar quan va conèixer una noia belga per la qual va sentir una gran atracció. La passió i la necessitat d'estar amb aquesta noia el van fer sentir culpable perquè d'alguna manera estava trencant tot allò que havia construit amb la seva dona. La pel·lícula mostra com la majoria de cançons que componia en aquella època eren un reflex directa del què succeïa en la seva vida.

No va poder enfrontar-se a aquesta situació, juntament amb els atacs d'epilèpsia que li dificultaven fer actuacions amb normalitat. Va acabar amb la seva vida quan només tenia 24 anys. Va viure més intensament que la majoria, segurament, però potser encara li quedava molt per descobrir...




The rider

The rider Película dirigida por Chloé Zhao y protagonizada por Brady Jandreau. Hay algo único e impactante en esta obra y es que el actor...